
Cristina Quiros
Diseñando y creando con mis manos desde 1995
Creo joyas escultóricas realizadas íntegramente a mano (del primer boceto al último pulido) para personas que buscan algo más que un adorno: buscan una pieza con alma.
Mi trabajo nace de la unión entre una tradición joyera centenaria y una mirada profundamente emocional y artística. Cada joya que sale de mi taller está pensada para acompañarte en tu día a día con fuerza, alegría y carácter
Un legado que se transforma
Mi obra se nutre de un doble legado: la tradición joyera familiar, cimentada por mi bisabuelo y mi abuelo en el Palais Royal, la joyería más importante de su tiempo en Ciudad de México, y la vibrante paleta de emociones que me inculcó mi madre. De su esencia mexicana aprendí a mirar el mundo con una mezcla de fuerza y alegría; unos matices que se han convertido en el alma de cada pieza que diseño.


Formación y Descubrimiento
Movida por aquellos sueños de infancia, estudié Gemología en París, en el Instituto Gemológico de La Bastilla. Recuerdo con nitidez una exposición de Botero en los Campos Elíseos: sus gatos, palomas y caballos redondeados despertaron en mí una chispa definitiva. Entendí que quería transformar pequeñas esculturas y elementos naturales en joyas llenas de vida.
De regreso a España, me formé durante tres años en Joyería, Diseño y Engaste en la Escuela de Minas de Oviedo. Aún antes de terminar los estudios, ya me había sumergido de lleno en el oficio: trabajé los veranos en la Joyería Balta de León y ayudaba en el taller de mi profesor Carlos, en Pola de Siero. Cada experiencia me enseñó algo nuevo y me hizo amar aún más este mundo de metales y gemas.
Siguiendo mi propio camino
Abrí mi primer taller en un primer piso de la Plaza del Trascorrales, en Oviedo. Entre herramientas, bocetos y metales, comenzaron a tomar forma mis primeras joyas con aire escultórico. Cada pieza nacía íntegramente de mis manos. Esa manera de trabajar —sin producción en serie, sin atajos— sigue siendo hoy mi sello.
Mi primera exposición pública fue en la Feria de Navidad del Paseo de la Rosaleda, en el Parque San Francisco de Oviedo. Fue un éxito que me confirmó que el camino era el correcto. Poco después, mis creaciones cruzaron fronteras y llegaron a dos galerías de diseñadores en Londres, en Hampstead y Portobello Road.
Más adelante abrí mi primera tienda en la calle González del Valle de Oviedo, en un espacio diseñado por los arquitectos Joaquín Matutano y Laura Navarro. Después me trasladé a la Plaza Longoria Carbajal. La crisis de 2008 me obligó a cerrar y tomar distancia, pero también me regaló nuevas experiencias y aprendizajes, desde Málaga hasta Puerto Banús, y más tarde en Andorra, donde trabajé en la Joyería Vasari, ampliando mi visión del sector del lujo y el diseño.


Vuelta a mis raíces
Tras la pandemia regresé a Asturias y, poco a poco, reconstruí mi taller. Abrí una nueva tienda en la calle Rosal 55 de Oviedo, un espacio luminoso y con encanto, con una gran ventana que me recuerda a aquellas publicaciones “tras la ventana” que compartía durante el confinamiento.
Hoy compagino la creación de mis colecciones con la docencia: imparto clases de iniciación a la joyería en colaboración con el Ayuntamiento de Oviedo, en el centro de Villa Magdalena. Enseñar el oficio es una forma de honrarlo y mantenerlo vivo.
Mi trabajo
Diseño y esculpo a mano piezas inspiradas en animales, formas orgánicas y elementos naturales, convirtiéndolas en pequeñas esculturas que se llevan puestas. Están pensadas para quienes buscan algo diferente, valoran lo hecho a mano y sienten que un objeto puede contar una historia.
Elegir una de mis joyas es elegir artesanía real, tradición, diseño con identidad y piezas únicas. En cada joya pongo un pedacito de mí, moldeado a mano. Verlas brillar en tu día a día es mi mayor recompensa.

¡Gracias por formar parte de este viaje!